Prima quincuagena

Prima quincuagena
Revelatĭōnis

sábado, 2 de abril de 2011

Prima quincuagena

XXVIII

Sin rumbo el nuevo hombre deberá entrar donde no quiere
Instrucciones de la gran señora mal dichas siempre mal interpretadas
Tendrá el hombre que llegar al fin de la idealización para no perderse
La oquedad de la pronta vejez no entiende simples coordenadas.

XXIX

Correr sin rumbo entre sombras con paranoia se tendrá
Los montes del conocimiento serán el único escape
La obstinación del poder pronto desaparecerá
Reemplazada por la sobrevivencia, pues esta será lo único deseable.

XXX

En el frio de la imbecilidad la humanidad retozará
Todos tendrán pronto que llegar a la cima de su absurdo
Quienes no puedan lograrlo con ayuda contarán
Pues los de arriba, a los de abajo necesitan para que todo sea in-constructo.

XXXI

Cuando todo tienda sólo a un camino y una marca
Muchos querrán mantener los mismos pilares sociales
Aunque signifique el fin, y aunque con ello todo al parecer se desangra
Pocos podrán reconstruir los cimientos para vidas reales.

XXXII

Cuando todo haya abandonado al hombre, incluso la luz del sol
Cuando lento camine como flotar en las calles desoladas
Será entonces cuando las olas del miedo invadan el sereno lago de su obstinación
Será entonces cuando quiera refugiarse de sus ideas ajadas.

XXXIII

Tres son tres pero no siempre así será
Dos son menos pero tal vez exista más interacción
Uno falta al dos, ahora todo se desarmonizará
Tres no serán más si no existe aquí o allá la unificación

XXXIV

Luz opacada por el agresivo frenesí
Un nuevo color se observa en cada momento
Palabras nuevas y que sólo con pronunciarlas se pueden vivir
Al inicio se querrá volver, pero es inútil la batalla en contra del tiempo.

XXXV

La desazón de la antigua compañía ha mutado a desesperación
Herramientas titánicas para tratar de rehacer la unificación
Sólo unos pocos podrán cruzar las caudalosas aguas de la desmembración
Sólo el gran maquinista podrá detener la gran matazón.

XXXVI

La hermosura de la vida es oscurecida por la desesperación de poder
Pero aun entre sombras la vida no pierde su sublime esplendor
Y aunque de las aguas diáfanas del equilibrio no se pueda aun beber
Lentamente se transformará la vida y será todo candor.

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